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Suicidio Presidencial

 

May 03, 2019
Suicidio Presidencial

Por: Carlos Ortiz

Conocí al Presidente Alan García Pérez allá por el año 1978 en plena campaña para cubrir los 100 escaños de la Asamblea Constituyente Peruana, de la que García fue Constituyente y prometedora figura del APRA -su partido político, una especie de primo consanguíneo del PRI- bajo la sombra y cariño del Líder y Presidente de la misma, Victor Raúl Haya de la Torre.

Yo ocupé primero el cargo de practicante de periodismo parlamentario en la Oficina de Prensa dirigida por el Dr. Carlos García Ronceros y luego comencé mi carrera como periodista parlamentario que me llevó a varias redacciones de la época.

Con los años, participé en el primer gobierno del presidente García como Asesor de Prensa y Director General de Comunicaciones del Ministerio de Economía y Asesor de la Corporación Nacional de Desarrollo.

El gobierno de García fue una experiencia más bien difícil para quienes venían de intentos fracasados de ganar el gobierno, por el fundador del aprismo, Victor Raúl Haya de la Torre.

La personalidad de García Pérez, un joven de solo 36 años era arrolladora y mientras el 75% de los peruanos de entonces lo apoyaron a comienzos de su gobierno en total entrega política, unos pocos, más relacionados con el grupo de economistas liderados por el trujillano Luis Alva Castro, llamados “Los Mocheros”, se mostraron reacios a seguir las atrevidas y extremas políticas económicas de enfrentamiento que proponía revolucionariamente AGP, pero pudieron hacer muy poco por detenerlo ante la explosiva personalidad política del joven Presidente y su creciente entorno alanista.

Pero hasta allí va el recuerdo compartido. En 1990 decidimos mudarnos a este país y con las berreras de la época, las noticias del Perú se convirtieron en esporádicas y a veces se congelaron en la memoria y el tiempo. Estados Unidos era, despues de todo, un espacio, un tiempo y una historia diferentes.

Entre entrevistas periodísticas y conversaciones casuales, no habré hablado con el hoy fallecido líder más de una docena de veces.

Obviamente eso no bastó para convertirme en su amigo, pero debo reconocer que siempre admiré su capacidad oratoria y política. Era un hombre sumamente inteligente, quizás el más inteligente entre una generación de políticos peruanos que no caracterizan precisamente por sus virtudes intelectuales.

El tema de la corrupción es algo que sinceramente deberíamos dejarlo en manos de la justicia, pues la carnicería virtual a la que ha sido sometido el cadáver humeante del presidente suicida, no es digna de atención.

El Perú como muchos de nuestros países, tienen presidentes que son el reflejo de su población.

Y por ello es preocupante que los últimos cuatro presidentes y una segura sucesora del Sillón de Pizarro en el Palacio de Gobierno del Perú, estén presos, prófugos o se hayan suicidado.

Y sólo los últimos cuatro porque antes de ellos no existían, ni las huellas indelebles en la internet, ni las condiciones necesarias para descubrir los entuertos de los gobiernos de turno.

Por que nadie me va a decir que los gobiernos de los generales o de demócratas a puerta cerrada no hicieron lo mismo.

El Presidente que yo conocí fue un ser humano con virtudes y errores. A lo mejor más errores que virtudes, pero mientras las ruedas de la justicia deben seguir rodando en el Perú y Brasil, la muerte de García a sus propias manos, debería ser una seria llamada de atención para elegir mejor a nuestros gobernantes, para cambiar nuestro propio estilo de vida cívica.

Después de todo acusar ahora a un hombre muerto y ensañarse groseramente acusándolo de cobarde por haberse quitado la vida es poco menos que miserable.

En el Perú por mucho tiempo la coima ha sido un patrón de vida. Coimea el delincuente y coimea el policía, coimea el lector y hace lo mismo el periodista, también el paciente y el doctor, el acusado y el juez.

Por ello el que este libre de coimas que tire la primera piedra sobre el cadáver de quien fue dos veces electo Presidente Constitucional del Perú.

Pero ello no debe servir de excusa para frenar los procesos anticorrupción en mi país.

No señor

Dr. Alan García Pérez (1949-2019) RIP