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Miedo y Euforia

 

July 19, 2019
Miedo y Euforia

Por: Carlos Ortiz

Este fin de semana próximo pasado, muchos hispanos en Norteamérica se levantaron bajo la amenaza de redadas a nivel nacional, para deportar indocumentados.

La prensa, especialmente de extrema derecha, pro Trump, eligió titulares como “Gobierno comienza a acorralar a indocumentados en nueve estados”

Otros prefirieron citar al Presidente y advirtieron que “Trump anuncia comienzo de grandes redadas de indocumentados a nivel nacional”

Todos, sin embargo, coincidieron en señalar que se trataba de la búsqueda de unos 2,000 individuos en unos nueve estados, los cuales ya tenían órdenes de deportación o eran, en efecto, criminales convictos. Dos mil.

Se trataba del 0.018% de los supuestos 11 millones de indocumentados que tanto parecen odiar el Presidente y sus leales seguidores, eso es un 35% de la población electoral de este gran país. No se trataba digamos de una redada masiva de indocumentados, ni mucho menos.

Son sismos políticos menores.

No es el Gran Sismo que todos esperan. Especialmente los portadores de los coquetitos gorros de MAGA. Dicho esto, sin restarle valor a la debida importancia que los activistas pro inmigrantes le dan a la preparación ante el peligro de un escalamiento de acciones de ICE que a estas alturas del partido suena más como un acto de proselitismo político, que un tema de interés nacional.Y hasta esto no le salió como lo esperaba al del curioso copete.

Porque como muchos analistas ya han comenzado a desengranar, si bien se destiló miedo entre las comunidades migratorias y euforia entre los trumpetistas; las amenazas han quedado cortas, los arrestos mínimos, ha habido pocos daños colaterales y la vida sigue igual.

La misma situación de la frontera sur, con todo el costo humano, no parece en realidad interesarle mucho a nadie en el resto del país, que sigue su vida diaria sin preocuparse mucho por los niños hacinados en jaulas del ICE o por el supuesto peligro de una invasión de descalzos con hambre de libertad.

Todo es parte de un gran espectáculo montado por la casa Blanca, con miras a mantener vivo el interés de los viejitos que se reúnen todas las mañanas a tomar desayuno en los Mc Donalds del país, para ser servidos por indocumentados y echarle porras a Trump para que los deporte a todos de una buena vez.

Si esa masa en su mayoría de hombres blancos de edad avanzada no se mantiene interesada en el tema, Trump no va a lograr ser reelecto así el Dictador Norcoreano se ponga el gorrito de Trump y se de besitos en los cachetes con Putín y Trum en un menage a trois político en la zona del DMZ de las dos Coreas, la que sigue teniendo su arsenal nuclear y la otra.

Lo importante es que este sucio manoseo político de un acto de dolor humano tanto en la frontera como en el resto del país deja ver a las claras el valor que nuestro presidente le da a temas que atañan a la minorías.

Pero entre tanta oscuridad, la luz también tiende a filtrarse.

Es muy saludable el ver que a lo largo y ancho del país se ha desatado un sentimiento de solidaridad con los perseguidos y una demanda de que de una vez por todas el tema migratorio que afecta y divide tanto a nuestro país tenga la prioridad necesaria para lograr de una buena vez por todas un ley humana que contemple sin medias tintas el camino a la ciudadanía de 11 millones de personas que a diario le sirven el cafecito a esos hombre de MAGA en todos los McDonalds del país.