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Venezuela: De receptor de inmigrantes a inmigrantes

 

December 29, 2019
Venezuela: De receptor de inmigrantes a inmigrantes

Por: Alejandra Paz (*)

Los procesos migratorios han existido a lo largo de la humanidad. En efecto, Venezuela, entre 1936 y 1958 fue un país receptor de inmigrantes de distintas parte del mundo. La nación gozaba de una excelente estabilidad económica y política producto de la bonanza petrolera.

La modernización era el designio de sus gobernantes, quienes buscaban atraer la inmigración europea por considerarla mano de obra especializada. Gobiernos  como los de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita cambiaron la política migratoria del país dando paso a la política de “puerta abiertas”. Con esta ley, las personas provenientes de España, Italia, Portugal y más tarde de toda Europa solo tenían que presentar requisitos mínimos para entrar al país. Sin duda alguna, Venezuela fue uno de los países latinoamericanos que más inmigrantes albergó en su territorio, convirtiéndose así en un conjunto heterogéneo de grupos étnicos, culturales, lingüísticos y religiosos, producto de los procesos migratorios.                                                                                              

La historia de Venezuela como país receptor de inmigrantes no solo englobó a la comunidad europea, sino también a Latinoamérica. A partir del boom petrolero en los años 70 a tierras venezolanas llegan chilenos y argentinos, tras la implantación de dictaduras militares en sus países, así como peruanos, ecuatorianos, panameños y colombianos en busca de oportunidades de trabajo y calidad de vida, se trata de países que al igual que Europa, estaban devastados económica y políticamente.

Su población tenía innumerables razones para abandonar a su nación y Venezuela ofrecía considerables razones para que fuera su destino. Hablábamos de una nación que era el cuarto país más rico del planeta, medido por el tamaño de su Producto Interno Bruto (PIB, suma total de riqueza generada en bienes y servicios) por habitante. Estábamos ante una Venezuela, que en su momento fue considerado “el sueño americano del Sur”, era dos veces más rico que Chile, cuatro veces más rico que Japón y 12 veces más rico que China. Según el Foro Económico Mundial.                                                                        

Sin embargo, hoy, esa Venezuela galopante y abierta a la recepción de extranjeros pasó a ser el éxodo más grande en la historia reciente de la región con más de 4 millones de personas refugiadas y migrantes en todo el mundo, según cifras ofrecidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Partiendo de esta premisa, cómo se explica que la millonaria de América, la Venezuela saudita, el país con las reservas de petróleo más grande del mundo sea en la actualidad uno de los más pobre de América Latina.

Sobre el papel, Venezuela es un país rico. Está probado que sus reservas de petróleo son las más grandes del mundo y quizás eso, su gran exceso de confianza en el petróleo, que representa alrededor del 95% de sus ingresos en exportaciones, haya sido el punto de quiebre para la cris económica y política de la nación, la cual depende el 100% del precio del barril.

Y si a eso se le añade una hiperinflación que se estima que alcance hasta 10.000.000% (sí, diez MILLONES por ciento) para finales de este 2019 según lo indicó el Fondo Monetario Internacional. Aunando esto a la escasez de productos alimenticios, escasez de agua y cortes de luz causados por la falta de inversión en la infraestructura, decimos hoy, que Venezuela es un país destruido por un gobierno que no solamente no ha sabido gobernar, sino también le ha robado la esperanza a millones de venezolanos que soñaron con echar raíces en su tierra y que jamás imaginaron ser unos de los éxodos más grande de la región.

Sobran razones para abandonar a un país donde la palabra vida es más una cuestión de azar que un destino. En este sentido, el periodista, fotógrafo y productor audiovisual, Mario Pérez, radicado en la ciudad de Atlanta asegura que la inestabilidad política y económica de Venezuela es producto del rentismo petrolero y el populismo, sumado esto a la implementación de malas políticas del Gobierno de Nicolás Maduro y a la serie de fracasos de la oposición venezolana de no poder concretar un plan único y seguro han ocasionado que miles de sus ciudadanos busquen refugios en otros países.

El individuo que emigra busca escapar de la realidad que se viven en el país tropical, es decir, escapar de la realidad de no tener electricidad, de que tu sueldo no sea suficiente para mantener tu hogar, de rogar y rezar para no enfermarte porque no hay insumos médicos, ni siquiera para curar una gripe. Una realidad, sin ganas de exagerar parecida a la de un país en guerra. No hay condiciones, no hay un estado de derecho, lo que ha llevado que hoy se hable de una diáspora venezolana.

Para esta nación, cuna de inmigrantes y tierras fértiles, la migración era un fenómeno esporádico, puestos que estos consideraban que su nivel de vida a futuro no estaba en riesgo. Sin embargo  esta afirmación cambiaría con el pasar de los años, la intensa conflictividad política, económica  y social se transfirieron a la vida cotidiana de los ciudadanos, lo que ocasionó que  los venezolanos no visualizaran oportunidades de desarrollo individual en sus vidas, por lo tanto se convirtió esto, en las razones más frecuentes para emigrar.

En este punto, es importante señalar que la migración venezolana fue dándose  por partes y en palabras del periodista Mario Pérez se puede clasificar de la siguiente manera: la primera tanda de venezolanos que decide emigrar fueron empresarios o profesionales con altos cargos gerenciales que, al darse cuenta que el país no les permitía mantener su estilo de vida, deciden marcharse para conservar su estatus social; luego tenemos a jóvenes profesionales sumergidos en un país que no les ofrece oportunidades de empleos y desarrollo profesional, por lo que no tuvieron más remedio que ir a probar suerte y ser profetas en otras tierras. Esta etapa se conoció como la fuga del capital humano, y finalmente tenemos esa parte de la población con menor grado de instrucción, personas de clase media baja o baja que comienzan a emigrar de forma espontánea por necesidad y por hambre. Ellos son los que cruzan la frontera colombiana y caminan montañas para llegar a Ecuador, Perú o Bolivia.

No obstante, existe una historia y una realidad que une a estos venezolanos, sin importar clase, credo o política, la verdad es que todos huyen de un régimen nefasto y dictatorial, porque en un país donde no hay alimentos cuando se tiene hambre, no hay medicamentos cuando se está enfermo y no se respetan los derechos humanos, la democracia es una cáscara vacía aún cuando los ciudadanos voten y tengan parlamento.

Casi toda la historia de la humanidad está llena de emigraciones, y Venezuela no es la excepción. Somos producto de un conjunto de linajes a quienes les brindamos oportunidades y esperanza en sus momentos más difíciles, recibiendo de estos grandes aportes para el crecimiento del país.

Hoy, no es Europa, no es Chile, no es Argentina no es Perú… es Venezuela la que necesita ayuda de quienes abrigo en su momento. Hay que tener memoria y muy buena, para no olvidar a quienes nos auxilió en los momentos difíciles.

(*) Alejandra Paz es una periodista profesional venezolana radicada en Oklahoma y es colaboradora de Hola Oklahoma.