Hola Oklahoma

 

¡Qué vergüenza!

 

July 11, 2021

Por: Por: Carlos Ortiz

¡Qué vergüenza!

A lo mejor anoche se vivió una de las páginas más vergonzosas del deporte hispano en los Estados Unidos.

Y no se trató de lo que pasó en la cancha de juego donde en el marco de la Copa de Oro de la CONCACAF, México logró apenas un empate sin goles con una aguerrida selección de Trinidad y Tobago.

La vergüenza vino desde las tribunas, donde una vez más hinchas envalentonados en alcohol, dieron rienda suelta a una homofobia que viene desde nuestros países.

En hasta tres ocasiones, los árbitros y autoridades deportivas amenazaron con suspender el emocionante partido de fútbol, de continuarse con esos gritos que en realidad reflejaban el temor de una afición que se sentía humillada por la imposibilidad de ganarle al hipotéticamente débil rival.

Y en claro desafío a las normas y leyes esa gran parte de asistentes siguió lanzando el grito homofóbico de marras, poniendo en peligro la continuidad del partido.

Yo estoy seguro que no todos los asistentes, no todos los hinchas mexicanos compartían esa malcriadez.

Por ellos es por quienes estoy escribiendo estas líneas.

Y es que no se trata de solamente un partido de fútbol, de una tarde de enojo futbolístico.

Se trata de mantener costumbres que deberíamos haber dejado con la ropa vieja al partir en busca de un mejor futuro para nosotros y para nuestros hijos.

En este país, en que que día a día reclamamos el respeto a nuestras comunidades, a nuestros abnegados y sufridos inmigrantes, hay leyes, hay normas que todos debemos cumplir, que todos debemos respetar.

Nosotros más que nadie, porque somos los nuevos en casa.

Nosotros, porque para poder reclamar nuestros derechos, debemos cumplir con nuestros deberes.

Todo comienza con el respeto a las leyes de nuestras propias comunidades.

Comienza con estacionar nuestros vehículos en el orden establecido y no apiñarlos sobre los jardines, de no armar fiestas en el frontis de nuestras casas con la música a todo volumen, con no arrojar latas de cerveza a los jardines de nuestra manzana, con manejar con responsabilidad por las calles que les pertenecen a todos, con bajar de sus vehículos para tocar el timbre al llamar a nuestras amistades en sus casas. Con respetar.

Si no hacemos ellos, estamos haciéndole el juego a quienes detestan nuestra cultura y tratan de negarnos acceso a ciudades que hoy por hoy son también nuestras y de nuestros hijos.

El evento de anoche no fue en Oklahoma, pero es responsabilidad de todos nosotros tratar mejorar educando a nuestros hijos con el ejemplo.

Hay que decirles que eso no es lo correcto. Qué a lo mejor un día nos pareció de machos y hasta gracioso ofender al contendor con insultos homofóbicos, pero que ya no lo es más.

Es más bien cosa de cobardes que se esconden en las multitudes para ofender.