Hola Oklahoma

 

Peru: El adiós a Bellido

 

October 09, 2021

Por: Carlos Ortiz

Peru: El adiós a Bellido

La primera vez que escuché a Guido Bellido, me trajo rápidamente a la memoria familiares imágenes de quienes conocí en mi infancia y adolescencia en Abancay y Huánuco ciudades del interior del Perú, donde viajaba desde la capital junto a mi madre quien a su vez buscaba un lugar donde ejercer y crear la docencia.

Bellido es el típico “pendejito”, chistosito, “gilero”, machito y anti limeño que todos hemos tenido entre nuestros conocidos por esos lares.

Por eso es que su nombramiento como Presidente del Consejo de Ministros del gobierno del Presidente Pedro Castillo, me dibujó una sonrisa.

Yo sabía desde un principio lo que se venía.

Me imaginaba ya el rechazo que su hablar y su permanente estado de alerta a la ofensiva ocasionaría entre una mayoría igualmente acholada, pero pituca o fresa, que pone aún carita de asco por las culturas andinas, a menos que se trate de cenas de gala profondos o campañas electorales.

No solamente desde ese lado de una ranciada -no rancia, eso fueron hace años- derecha que buscando de donde tirar para traerse abajo al cusqueño, apostaron todo al terruqueo, a su misoginia, a su huachafería, a su acento, a su homofobia, pero sobre todo a su origen y corazón serrano.

Padres de la patria que no se esforzaban en remedar su acento cusqueño, su motoso hablar andino, su vestimenta, su sombrero, sus comidas, su familia… Agrupaciones terroristas de derecha como el Movimiento La Resistencia, de claros orígenes fujimoristas, que no dejaban pasar una oportunidad para amenazar al discutido político incluso con violencia física.

Y todo ello azuzado por una prensa que ha jugado al más puro estilo montesinista para echarlo, a lo mejor aun dolidos por el corte de la mamadera de la publicidad estatal (Que debe ser PERMANENTE).

Pero valgan verdades.

Bellido nació para ser echado y el se encargó de mantener encendida esa llama desde el primer momento de su nombramiento.

De nada le valió a Bellido el intentar parecerse un poco más a Camotillo el Tinterillo que a Mariátegui.

Sus chistes, como el de los pendejitos de mi infancia, no hacían reír a nadie más que a él.

La parte seria del asunto es que Bellido nunca fue otra cosa que una marioneta pendejereta de Vladimir Cerrón, el verdadero enemigo público número uno de la democracia en el Perú.

Quienes votaron por la opción menos corrupta, quienes apostaron por Pedro Castillo, no tenían ni la más mínima idea de quién era Cerrón, los Dinámicos del Centro o sus alfiles políticos, pero si tenían el prontuario integro de la gran mayoría de miembros de la maquinaria naranja.

Y mucho menos de quien sería nombrado el segundo hombre más influyente en la política peruana, felizmente por solamente dos meses y ocho días.

Bellido se encargó de enseñarnos de quien se trataba.

Más allá de las alegaciones de violencia verbal contra la Congresista Patricia Chirinos, que dicho sea de paso es la versión de Bellido en femenino, Bellido fue el caballo de troya de Cerrón en el gobierno de Castillo y ninguna de sus incendiarias declaraciones, parecen haber sido de origen propio.

Bellido fue la chaveta en el cuello de Castillo y la pistola apuntando al pueblo.

Hoy Bellido ha retornado a su jaula dorada del congreso -junto a sus pares como Montoya y Cueto- desde donde ya ha comenzado a disparar contra Castillo y contra la democracia.

Su pedido, su cobarde pedido de indulto para el asesino Antauro Humala, es motivo suficiente para que el congresista Bellido sea repudiado al unísono por la gran mayoría de peruanos.

Pero no por serrano, no por su mote, no por su viveza chola, no por su vinculación con el terrorismo, no por la Asamblea Constituyente y mucho menos por el gobierno del profesor Pedro Castillo, sino por traidor a la memoria de los heroicos policías asesinado por Humala.

La derrota de Bellido no es un triunfo de la derecha, es un grito de independencia del Presidente Castillo.