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¿A quién le importa el muro?

 

January 18, 2019
¿A quién le importa el muro?

Por: Carlos Ortiz

Todo el mundo lo sabe, pero algunos se hacen los idiotas.

No se trata de la construcción de un muro que divida a los Estados Unidos y México.

Ambos países se necesitan mutuamente, al tener una frontera común que es una de las más transitadas del mundo.

No se trata de impedir el ataque de las hordas de inmigrantes indocumentados, marrones y chiquitos todos ellos, que amenazan al país más poderoso del mundo con caravanas estúpidamente anunciadas.

La inmigración indocumentada está en sus niveles más bajos de los últimos años y pese a ello el presidente Trump hace solo unos días anunció que “otra caravana, mucho más grande que las anteriores se viene preparando para partir de Honduras”. Por supuesto esta es otra inexactitud, por no decir lo opuesto a la verdad, en boca de nuestro primer mandatario. ¡Anuncio que, dicho sea de paso, desde que lo hizo el Presidente, entusiasmo a otro grupo a hacerlo!

No se trata de detener el flujo de drogas que mata a 300 personas diarias en los Estados Unidos, según cifras repetidas cada día por el presidente.

Se trata de rehabilitar a una gran cantidad de adictos que crean un mercado que presiona la producción y el contrabando de drogas que se venden a un 3000% de su costo de producción. Cuando los conservadores reclaman que las balas y las armas no matan a la gente, sino que es la gente la que mata con esas armas, esos mismos extremistas de derecha deberían decir lo mismo sobre las drogas, si fuesen menos hipócritas. 

No se trata de gobernar para proteger a las fuerzas del orden, a las fuerzas armadas, a los policías. “Basta ya de decir que solo nosotros amamos a nuestros militares”, no lo digo yo, lo dijo el senador Lindsey Graham en una de sus bipolares posiciones frente a las expresiones favoritas del presidente, tratando de hacer ver que quienes no comparten su opinión sobre sus extremistas ideas, son enemigos del orden y de la ley.

Se trata de levantar un símbolo que legitime el gobierno del presidente Donald Trump, en momentos en los que se le viene, no solamente por los resultados de las investigaciones sumarias sobre le supuesta complicidad con Rusia para desbaratar la candidatura demócrata en las elecciones del 2016, sino por la presión de la extrema derecha que lo empujó al poder, a puertas de comenzar el proceso electoral presidencial del 2020.

Por eso dan ganas de gritar que se haga el méndigo muro de una vez por todas. El daño que se hace por la polarización entre lo seguidores de Trump y el resto de américa es de tal magnitud que va a tomar generaciones recuperar la confianza entre vecinos y amigos que hoy se han quitado la careta y se muestran como enemigos encarnizados gracias al liderazgo de división y odio que comenzó cuando Donald Trump soliviantó a las masas ultraderechistas acusando al Presidente Barack Obama de no haber nacido en este país. 

Por otro lado, la paralización de parte del gobierno y el subsecuente abandono salarial de más de 800 mil empleados federales es también algo para meditar. Una de las políticas más conocidas -a lo mejor por su constante repetición en las producciones hollywoodenses, es la de que los Estados Unidos no negocian con secuestradores, pues al hacerlo se pone en peligro la vida de otros potenciales rehenes.

Por eso es por lo que no es justo que el presidente ponga la vida de casi un millón de americanos, para exigir lo que a él le parece justo y que sigue casi igualmente dividido en la mente de los electores de este país.

Pero a quién le importa la vida de unos cuantos millones de estadounidenses en tiempos de Trump, donde los simples valores como la honestidad y sobre todo el respeto entre unos y otros son cosas tan antiguas que parece mentira que hayan pasado solamente dos años desde que las perdimos de vista.

 

Foto: Vanguardia